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jueves, 6 de mayo de 2010

SAN FRANCISCO DE ASÍS



San Francisco, uno de los más grandes santos de la historia cristiana nació probablemente entre los años 1181-1182. Hijo del rico mercader Pedro Bernardone y de Juana, conocida como Madona Pica, fue bautizado con el nombre de Juan, pero debido al afecto de sus padres por Francia, le llamaron Francisco, que quiere decir "El Francesito"



Francisco fue un hombre de vivo ingenio que aprendió de la vida lo que no pudo aprender en la escuela. Era de ánimo dulce, amable en el trato, alegre en el rostro, afable en el hablar, indulgente con los demás, pero severo consigo mismo.



Su padre lo asoció en el negocio, pero su carácter prodigo le hacía gastar pronto lo que ganaba, y debido también a su generosidad se ganó muchas dificultades con su padre.


En 1201 durante la guerra entre Perusa y Asís, los asisianos son derrotados y Francisco, que participaba en la lucha fue tomado prisionero, permaneciendo un año encarcelado, contrayendo una grave enfermedad. Rescatado por su familia comenzó a experimentar un cambio interior.



Repuesto de su enfermedad se alista en nuevas aventuras guerreras, pero en Espoleto, francisco nuevamente enfermó y tuvo una visión que le hizo regresar a Asís y a pesar de seguir frecuentando las alegres tertulias de amigos el Señor le seguía hablando a su corazón. Un día mientras cabalgaba por las afueras de Asís se encontró con un leproso y luego de vencer el miedo y el espanto se acercó al afectado y lo abrazó como si fuera su hermano. Con aquel gesto enterró definitivamente el miedo de aceptar el Evangelio en su plenitud y se acercó decididamente a Cristo, tomando a los leprosos por amigos y a los pobres como compañeros.



Durante un largo paseo por el campo Francisco entró a la pequeña iglesia de San Damián, mientras con fervor invocaba a Dios delante de un gran Cristo crucificado le pareció oír la voz del Señor que le decía : "Francisco repara mi Iglesia", dócil al llamado sustrajo las mejores telas de su padre y regresó con bastante dinero, logrando la desaprobación de su padre que lo desheredó. Al fin libre de todas las cosas del mundo inicia una nueva vida como "Heraldo del Gran Rey," decidido a vivir las bienaventuranzas, predicando a todos la penitencia, empleando un lenguaje sencillo que cautivaba a quienes le escuchaban. Junto a francisco se fue agrupando una inmensa familia, que no tendría otra misión que vivir fielmente el Evangelio en pobreza, en humildad y en fraternidad.



En el año 1223 el Papa Honorio III aprueba definitivamente su forma de vida y nace vigorosa, como instrumento de renovación eclesial la Primera Orden franciscana.



La Iglesia tenía entonces necesidad de una reforma y no faltaban los herejes que la preconizaban, San Francisco la realizó, no por la violencia, sino por la vuelta una vida más evangélica. En un período en que la predicación no se dirigía más que a las clases privilegiadas se consagró al pueblo y supo mostrarles que Cristo se había hecho uno de ellos. San francisco tuvo una influencia considerable no sólo en la vida espiritual de la Iglesia, sino también en la literatura, y la vida social de la edad media.



El 03 de octubre de 1226 moría al mundo con el Cántico "Loado seas mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal. El 16 de julio de 1228 era canonizado por el Papa Gregorio IX.



El historiador Protestante Paul Sabatier ha definido a San francisco como “El más grande santo que la Iglesia haya producido en los siglos. Gandhi, el célebre Mahatma hindú, tan espiritualmente cercano al alma de San Francisco dijo un día “Necesitaríamos un San Francisco cada cien años para garantizar la salvación del género humano.



Otro aspecto peculiar y conmovedor de la santidad de Francisco es la fraternidad universal “Cualquiera que se acerque a ustedes, amigo o enemigo, ladrón o bandolero se lee en el capítulo 7º de la Regla Franciscana sea acogido como un hermano.



El Cántico de las criaturas ha sido definido como la columna sonora de un concierto sinfónico de amor hacia toda la humanidad. En este concierto encaja el amor por la humanidad, la naturaleza y toda criatura viviente.


A San Francisco Dios le encargó la misión de llevar a todos el amor, es decir la fecundidad, la fuerza, la novedad, el asombro, la conmoción, la acogida, el corazón abierto, el derecho a vivir.


En el Nuevo Milenio san francisco sigue plenamente vigente y aparece ante nuestros ojos como el hombre orientado hacia el camino de la liberación total. Algunos de sus gestos clamorosos (desprecio del dinero, beso al leproso, renuncia a la herencia a su padre) constituyen momentos de ruptura con los ídolos terrenos.


San Francisco optó por la pobreza, no como miseria o desadaptación, sino como liberación de la esclavitud, del bienestar, de las cosas, de las falsas exigencias, de las necesidades inútiles.



Libre de todo egoísmo de toda preocupación temporal o espiritual, francisco pudo transformarse en el hermano Universal. Por eso en nuestros tiempos él vive todavía en medio de nosotros a pesar de casi ocho siglos que nos separa de su muerte

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